El Barranco de Libres

Rodrigo estaba terminando su pastel, Don Mauro tranquilo, festejaba su cumpleaños en compañía de algunos amigos y familiares y la noche estaba relajada, para acompañar unos momentos más, sirvieron un poco de mezcal.

-Ándele compadrito, échese una más antes de que nos vayamos,invitó Rodrigo a su compadre

-Órale pues, nos echamos la última que mañana tengo que ir a trabajar al rancho bien tempranito, le contestó Don Mauro

-Qué le pasa pues compadre, lo noto como pensativo, le preguntó Rodrigo mientras servía en dos vasos un poco del aguardiente.

Y en ese momento, los ojos del compadre se perdieron un momento, recordando un episodio que había puesto su vida por un momento entre dos mundos.

-Le voy a contar algo compadrito, que nunca le he contado a nadie … Hace unos meses, cuando ya me había terminado de hacer una ronda por el rancho, tuve que bajar por el barranco para cortar camino y llegar a buena hora a recoger mis cosas, ahí estaba yo caminando y todo era silencio, no se escuchaba ni los ladridos de un perro, ni pájaro volando, aunque fataba poco para que comenzara a amanecer.

El caso es que, -prosigió Don Mauro, mientras le daba otro sorbo a su vaso- estaba caminando cuando por fin llegue al barranco, caminé con cuidado pues bien sabe compadrito que hay piedras flojas y no quería torcerme o quebrarme un pie y ahí si hubiera estado canija la cosa. Rodrígo lo miraba atento y asentía con la cabeza a la vez que prendía un cigarro y el humo lentamente ascendía y se escapaba por la ventana.

Cuando comencé a subir, sentí que algo me detenía y pensé que mi sarape se había atorado con algunas ramas, por lo que jalé fuerte y en lugar de zafarme, me iba poco a poco para atrás, casí perdí el equilibrio y cuando me voltee a ver qué me estaba deteniendo, vi una figura de un hombre,como una como capa… como con una gabardina de esas que usan los detectives. Yo pensé que me iba a robar y traté de agarrar mi machete, pero mi cuerpo no se podía mover, estaba como congelado por el miedo y ni las piernas me respondían, solamente mi cuello y mi cabeza podían obedecerme, ahí la luz de la luna ayudó a mis ojos a enfocar un poco mejor y ya ví la cara de esta cosa, que era una calavera, primero pensé que era una cara muy flaca y luego ya cuando lo ví mejor, pude ver clarito que solamente el cráneo se veía bajo su sombrero negro.

Rodrigo se quedó pensando y recordó que hace unas semanas, por el mismo lugar de la barranca, unos policías que hacían su ronda habían dejado en el puente su patrulla, nadie les creía cuando dijeron que al pasar por esa zona se había apagado y no quiso arancar más, cuando vieron que algo se acercaba -una persona que salía del barranco vestida de negro- salieron de la camioneta y corrieron lo más rápido posible. Algunos comentaron que lo más seguro es que estaban borrachos y no pudieron seguir manejando, aunque los policías juraban que prefirieron salir corriendo y dejar el vehículo que haber muy probablemente muerto y que sus almas se quedaran en el infierno.

Don Mauro lo sacó de su recuerdo y siguió su relato

Como dicen que por la barranca se aparece ese fantasma para darle dinero a alguien, lo único que se me ocurrió fue gritarle de leperadas: “A ver cabrón, que quieres hijo de la chingada, me vas a dar el dinero o me vas a decir dónde está o que chingada madre quieres”. No sé ni de dónde saqué el aire ni el valor para gritarle todo eso a ese espectro, las piernas me estaban temblando pero seguían sin moverse, estaban como esperando permiso para poder hacer algo.

Finalmente, el fantasma movió su cabeza, negando que me fuera a dar algo, o almenos es lo que entendí, pasaron unos pocos segundoso minutos y sentí entonces que ya no me estaba jalando, mis piernas recobraron su fuerza y entonces sin decir más comencé a subir por ese barranco lo más aprisa que pude,  cuando estuve ya en lo alto giré mi rostro para buscar de reojo si estaba todavía detrás  mío, pero no pude ver ya nada, solo los arbustos que se movían tímidamente con el viento frío de las últimos minutos de la madrugada.

Rodrigo y su compadre casi al mismo tiempo le dieron un sorbo a su vaso con el mezcal, se quedaron vendo y se dieron la mano, no había necesidad de decir nada más, se levantaron y se dieron un abrazo, Rodrígo salió y cerró la puerta, caminó y recordó que tenía que pasar por ese barranco para llegar a su casa …

 

4 Comentarios

  1. MUY BUEN RELATO, ESE TIPO DE EVENTOS SON MUY COMUNES EN LAS ZONAS RURALES, AUNQUE ALGUNAS PERSONAS EN ESTOS TIEMPOS YA NO LAS CREAN.

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