Pesadilla en la calle del infierno

Pesadilla en Elm Street presenta a uno de los villanos más carismáticos del cine de terror que inclina brutalmente, nunca mejor dicho, la balanza a su favor: Freddy Krueger.

La historia se recrea en varios jóvenes de una pequeña localidad tienen habitualmente pesadillas en las que son perseguidos por un hombre deformado por el fuego y que usa un guante terminado en afiladas cuchillas. Algunos de ellos comienzan a ser asesinados mientras duermen por este ser, que resulta ser Freddy Krueger, un psicópata al que los padres de estos jóvenes quemaron vivo hace varios años tras descubrir que había asesinado a varios niños.

El hecho de que Krueger “trabaje” en aquel lugar donde más desprotegidos estamos, los sueños, no hace más que incrementar el terror provocado por este personaje, que cuenta con 9 películas a sus espaldas, si contamos su enfrentamiento con Jason Voorhess.

Como curiosidad, al igual que Kevin Bacon se dejó ver por la primera película de Viernes 13, Pesadilla en Elm Street supone una de las primeras incursiones en la gran pantalla de Jhonny Deep, quien Interpreta al novio de Nancy y muere tras quedarse dormido en su habitación esperando la llamada de Nancy; la mano de Freddy sale de su cama, lo agarra y lo va hundiendo dentro de ésta. Tras un momento sale un géiser de sangre que mancha toda la habitación.

Se trata de la primera aparición del paradigmático psicópata del cine de terror adolescente de 1980, Freddy Krueger, interpretado por Robert Englund, quien dio vida al personaje en otras siete secuelas más y una teleserie. La película fue un éxito de crítica, revitalizando el género “slasher”, muy desgastado en la época, y uno de los sleeper hits de 1984. Recaudó casi 26 millones de dólares en taquilla con un coste de producción inferior a dos millones, salvando de esa forma a su productora New Line Cinema de la quiebra. Su enorme rentabilidad se tradujo en una larga franquicia de secuelas igualmente taquilleras, que encumbraron a Freddy Krueger como un símbolo de la década. A diferencia de las subsecuentes entregas, que potenciaban el humor negro del personaje, en ésta Krueger, sin perder la vena humorística, mantiene la seriedad de un onírico asesino implacable y peligroso que disfruta haciendo sufrir a sus víctimas. Ello dotó a la película de una sensación de angustia notable.

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