{"id":74,"date":"2015-08-30T04:33:16","date_gmt":"2015-08-30T04:33:16","guid":{"rendered":"http:\/\/manopeluda.com.mx\/?p=74"},"modified":"2015-08-30T04:33:16","modified_gmt":"2015-08-30T04:33:16","slug":"el-secretario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/2015\/08\/30\/el-secretario\/","title":{"rendered":"El Secretario"},"content":{"rendered":"<p>Reci\u00e9n terminados sus estudios, el joven ingeniero de minas Ferm\u00edn V\u00e1zquez decidi\u00f3 abandonar su Galicia natal y viajar a la Argentina, para trabajar a las \u00f3rdenes de su t\u00edo Eduardo, que dirig\u00eda una de las principales compa\u00f1\u00edas mineras de Catamarca. O al menos esa era su intenci\u00f3n, porque una vez all\u00ed lo que sucedi\u00f3 fue que Ferm\u00edn dej\u00f3 su puesto en la empresa para casarse con una muchacha de buena familia llamada Luc\u00eda Elisa Marconi. Debemos dejar claro que el amor de Ferm\u00edn hacia la se\u00f1orita Marconi era completamente sincero y desinteresado, aunque lo cierto es que supuso un importante ascenso social para el joven ingeniero, quien pocos a\u00f1os despu\u00e9s era el copropietario de una pr\u00f3spera hacienda situada cerca de la frontera paraguaya. En aquellos tiempos lo \u00fanico que enturbiaba la felicidad del matrimonio era la incapacidad de do\u00f1a Luc\u00eda para darle descendencia a su marido. Por este motivo decidieron adoptar a una huerfanita de pocos meses llamada Helena Mar\u00eda (siendo hija de padres desconocidos, este nombre hab\u00eda sido elegido por la directora del orfanato y se deb\u00eda a que la peque\u00f1a hab\u00eda llegado al hospicio un 18 de agosto). Todo fue bien hasta que la ni\u00f1a muri\u00f3 antes de cumplir los cuatro a\u00f1os de edad, a causa de la mordedura que le propin\u00f3 una v\u00edbora mientras jugaba en el jard\u00edn de la hacienda. Sumidos en el dolor, don Ferm\u00edn y do\u00f1a Luc\u00eda optaron por adoptar a otra ni\u00f1a, a la que hallaron en el mismo orfanato donde hab\u00edan encontrado a la primera, y que, por una casualidad que les pareci\u00f3 sumamente agradable, tambi\u00e9n se llamaba Helena Mar\u00eda.<br \/>\nDos d\u00e9cadas despu\u00e9s, don Ferm\u00edn, que se hab\u00eda quedado viudo, segu\u00eda viviendo en su hacienda, mientras que Helena estudiaba Medicina en Buenos Aires y pasaba la mayor parte del a\u00f1o en su piso de la capital, aunque durante las vacaciones estivales viajaba al norte para reunirse con su padre adoptivo.<br \/>\nUna t\u00f3rrida tarde de enero (nos hallamos en el hemisferio sur), don Ferm\u00edn decidi\u00f3 coger su vieja escopeta e ir al monte en busca de caza menor. O al menos esa era su intenci\u00f3n, porque all\u00ed hac\u00eda tanto calor que el hacendado decidi\u00f3 renunciar a la cacer\u00eda antes de haber encontrado un solo animal y refugiarse en una arboleda particularmente sombr\u00eda hasta que empezase a refrescar. Pero su tranquilo reposo a la sombra de los \u00e1rboles no tardar\u00eda en ser interrumpido por el s\u00fabito estampido de un disparo. Inmediatamente despu\u00e9s, el sorprendido don Ferm\u00edn oy\u00f3 un gru\u00f1ido procedente de los arbustos que hab\u00eda a su espalda y al volverse vio c\u00f3mo un enorme puma, asustado por el disparo, hu\u00eda velozmente hacia las profundidades del bosque. Alguien hab\u00eda salvado la vida del desprevenido hacendado, disparando al aire para espantar al felino antes de que este hubiera tenido tiempo de iniciar su ataque. Y don Ferm\u00edn, todav\u00eda p\u00e1lido de emoci\u00f3n, no tard\u00f3 en darle las gracias a su misterioso salvador: este era un forastero completamente desconocido, que vest\u00eda ropas bastante viejas, cubr\u00eda su cabeza con un sombrero de ala ancha y s\u00f3lo llevaba en las manos la escopeta de caza con la cual hab\u00eda espantado al puma.<\/p>\n<p><!--nextpage--><\/p>\n<p>El forastero, que dijo llamarse David Estrada, era un hombre ya maduro, de piel blanca, aunque en algunos puntos muy tostada por el sol, constituci\u00f3n delgada, cuerpo fibroso y expresi\u00f3n enigm\u00e1tica, aunque no desagradable. Don Ferm\u00edn, bien dispuesto de antemano hacia un hombre que acababa de salvarle la vida, no pudo dejar de alegrarse cuando supo que el se\u00f1or Estrada tambi\u00e9n era de origen gallego, lo cual, por otra parte, se reflejaba claramente en su acento. Seg\u00fan sus propias palabras, David Estrada hab\u00eda sido en otro tiempo un hombre de buena posici\u00f3n econ\u00f3mica (en todo caso, bastaba con o\u00edrle hablar para advertir que no carec\u00eda de cultura) y un feliz padre de familia, pero ciertos reveses de fortuna lo hab\u00edan condenado a la ruina y a la ruptura de su matrimonio, adem\u00e1s de obligarlo a cruzar el Atl\u00e1ntico en busca de fortuna. Una vez en Sudam\u00e9rica, las cosas no le hab\u00edan ido mucho mejor y, no teniendo ni un trabajo fijo ni dinero para volver a Espa\u00f1a, recorr\u00eda el campo argentino en busca de alguien que quisiera darle alg\u00fan empleo, por humilde que fuera. Tras o\u00edr esto, el agradecido don Ferm\u00edn lo invit\u00f3 a acompa\u00f1arlo a su hacienda, donde podr\u00eda quedarse todo el tiempo que quisiera, primero en calidad de hu\u00e9sped y luego, cumplidas ciertas formalidades, como su secretario particular (en realidad, don Ferm\u00edn nunca hab\u00eda necesitado la ayuda de nadie para administrar sus bienes, pero decidi\u00f3 que ofrecerle un puesto de trabajo era lo menos que pod\u00eda hacer por Estrada). Por supuesto, el vagabundo acept\u00f3 su ofrecimiento sin disimular su alegr\u00eda y, poco despu\u00e9s, los dos hombres se encaminaron hacia la hacienda como buenos amigos.<br \/>\nAquella misma noche don Ferm\u00edn, tras regalarle a Estrada uno de sus mejores trajes, lo invit\u00f3 a cenar con \u00e9l y con su hija Helena en el suntuoso sal\u00f3n de la hacienda, como si fuera un verdadero amigo en vez de un simple empleado. El buen hacendado, que era un hombre agradecido, ya hab\u00eda decidido en su fuero interno que su paisano cenar\u00eda siempre en el sal\u00f3n y no con los dem\u00e1s trabajadores de la hacienda. O al menos esa era su intenci\u00f3n, pero durante la cena hubo algo que le caus\u00f3 inquietud y enfri\u00f3, hasta cierto punto, su sentimiento de gratitud hacia Estrada. Lo cierto es que no le gust\u00f3 c\u00f3mo miraba el forastero a su hija Helena, quien se hab\u00eda convertido en una muchacha sumamente atractiva. Don Ferm\u00edn, con una benevolencia un tanto forzada, se dijo a s\u00ed mismo que era normal que los hombres miraran con ojos ardientes a las j\u00f3venes hermosas, pero lo cierto es que Estrada nunca volvi\u00f3 a ser invitado a la mesa de su patr\u00f3n. Hay que decir que este siempre lo trat\u00f3 con suma amabilidad y le ofreci\u00f3 un buen sueldo, pero lo cierto es que no le dio m\u00e1s oportunidades para intimar con su hija, quien, por su parte, no parec\u00eda especialmente interesada por el nuevo habitante de la casa. Despu\u00e9s de todo, este, aunque era un hombre atractivo, para ella no dejaba de ser un desconocido que por edad hubiera podido ser su padre.<br \/>\nDurante algunas semanas todo fue bien: David Estrada se mostr\u00f3 muy competente en su nuevo oficio y los negocios de don Ferm\u00edn iban viento en popa. Pero cuando ya faltaba poco para que terminase el verano y Helena volviera a Buenos Aires, empezaron los problemas.<\/p>\n<p>El ganado de la hacienda empez\u00f3 a sufrir continuos ataques por parte de un puma, quiz\u00e1s el mismo animal que hab\u00eda amenazado la vida de don Ferm\u00edn y que, aparentemente, buscaba resarcirse devorando a sus animales. No era aquella la primera ni la segunda vez que el hacendado ten\u00eda problemas con pumas o gatos monteses, pero, mientras que en otras ocasiones la cuesti\u00f3n hab\u00eda sido solucionada r\u00e1pidamente de un balazo, aquella fiera parec\u00eda sumamente astuta y sab\u00eda c\u00f3mo burlar la vigilancia de los guardias m\u00e1s avezados. Siempre atacaba de noche, pero nunca a la misma hora, y sab\u00eda elegir los puntos peor vigilados del rancho: si los guardias se concentraban en el corral donde dorm\u00edan las ovejas, entraba en el gallinero, o viceversa, y cuando no pod\u00eda llevarse un cerdo se llevaba un potrillo. Realmente parec\u00eda que aquel puma actuaba guiado por una inteligencia humana y entre los peones de sangre india empezaron a circular extra\u00f1as supersticiones al respecto. Finalmente, don Ferm\u00edn, furioso ante lo que consideraba el resultado de una negligencia por parte de sus hombres, reuni\u00f3 a todos sus empleados (salvo a Estrada, cuya labor nada ten\u00eda que ver con el cuidado del ganado) y les orden\u00f3 pasar la noche siguiente en vela, as\u00ed como todas las noches que fuera necesario, hasta que cazaran al maldito puma. Adem\u00e1s les dej\u00f3 claro que si la fiera mor\u00eda todos ellos, y especialmente el hombre que la matara, recibir\u00edan una generosa recompensa, pero a\u00f1adi\u00f3 que si volv\u00eda a arrebatarle una sola cabeza de ganado, o simplemente si volv\u00eda a escaparse, los responsables se lo pagar\u00edan con creces. Don Ferm\u00edn era un buen hombre y un patr\u00f3n comprensivo, pero aquella vez se hallaba verdaderamente enfadado y as\u00ed lo comprendieron sus peones, que se armaron con escopetas y se resignaron a pasar por lo menos una noche al aire libre.<\/p>\n<p><!--nextpage--><br \/>\nAl llegar la noche, todos los habitantes de la hacienda, salvo el patr\u00f3n, su hija y el secretario, se hallaban apostados en los alrededores del rancho, aguardando la llegada del felino. Como se trataba de cazarlo y no de espantarlo, todos los perros hab\u00edan sido encerrados para que no lo asustaran con sus ladridos y las puertas de los corrales hab\u00edan sido abiertas a prop\u00f3sito para tentar al merodeador nocturno. Sin embargo, pasaban las horas y el puma no hac\u00eda acto de presencia, lo cual supon\u00eda un alivio para los timoratos y un motivo de desesperaci\u00f3n para los m\u00e1s ambiciosos. Ya faltaba poco para el alba cuando Juan Moreno, un mestizo paraguayo que ejerc\u00eda de capataz, crey\u00f3 distinguir un gemido procedente del interior del rancho. Ninguno de sus compa\u00f1eros hab\u00eda notado nada, pero Juan, como todos los hombres habituados a la vida en el monte, se jactaba de tener un o\u00eddo muy fino y, cuanto m\u00e1s lo pensaba, m\u00e1s seguro se sent\u00eda de que algo no iba bien en el interior del edificio.<br \/>\nArriesg\u00e1ndose a recibir una reprimenda del patr\u00f3n por abandonar su puesto antes de tiempo, Juan les orden\u00f3 a los peones que siguieran en sus puestos y se dirigi\u00f3 a la puerta principal. Para su sorpresa, esta hab\u00eda sido cerrada por dentro y adem\u00e1s nadie respondi\u00f3 a sus llamadas, por lo que su inquietud instintiva no tard\u00f3 en convertirse en verdadero temor. Resign\u00e1ndose de antemano a lo que pudiera pasarle, Juan, que era un hombre recio y valiente, derrib\u00f3 la puerta y penetr\u00f3 r\u00e1pidamente en el amplio y oscuro vest\u00edbulo del edificio, con su escopeta preparada para disparar. Intent\u00f3 encender la luz, pero esta hab\u00eda sido cortada, sin duda deliberadamente. \u201cMejor\u201d, se dijo Juan, \u201cya he hecho bastante ruido al derribar la puerta y, si alguien me est\u00e1 esperando para dispararme, quiz\u00e1s la oscuridad me salve la vida\u201d.<\/p>\n<p>Por suerte, Juan estaba acostumbrado a cazar de noche en las tinieblas de la selva y adem\u00e1s sab\u00eda moverse sin hacer ruido. Lleg\u00f3 sin problemas al sal\u00f3n y, una vez all\u00ed, la luz lunar que se colaba por las ventanas abiertas le ofreci\u00f3 un espect\u00e1culo horrendo. Una vez m\u00e1s, Juan se alegr\u00f3 de que la visibilidad fuera reducida, pues, pese a ser un hombre duro, nunca le hab\u00eda gustado contemplar de cerca el rostro de los muertos. Dos cuerpos humanos vestidos con ropa de cama yac\u00edan all\u00ed sobre sendos charcos de sangre. Eran el patr\u00f3n y su secretario, y ambos parec\u00edan haber sido apu\u00f1alados hasta la muerte. Al parecer, y teniendo en cuenta la doble estela de sangre que se distingu\u00eda sobre los pelda\u00f1os de la escalera que llevaba al piso superior, las v\u00edctimas no hab\u00eda muerto all\u00ed, sino que hab\u00edan sido acuchilladas en sus habitaciones y luego su asesino (suponiendo que fuera uno solo) hab\u00eda arrastrado los cad\u00e1veres hacia el sal\u00f3n, por alg\u00fan motivo que Juan no acert\u00f3 a comprender.<\/p>\n<p><!--nextpage--><br \/>\nComo Juan no pod\u00eda creer que la se\u00f1orita Helena pudiera ser la autora del doble crimen, decidi\u00f3 que este s\u00f3lo pod\u00eda ser un intruso, que hab\u00eda conseguido colarse dentro del edificio sin ser advertido, y que a\u00fan pod\u00eda estar all\u00ed, probablemente oculto en alguna de las habitaciones del segundo piso\u2026 quiz\u00e1s en el dormitorio de Helena.<br \/>\nFuera como fuera, Juan se dijo que su deber m\u00e1s inmediato era ir en busca de la se\u00f1orita Helena, que quiz\u00e1s se hallara en grave peligro, por lo cual se dirigi\u00f3 a su cuarto, sin detenerse para examinar los cad\u00e1veres ni acordarse de llamar a sus hombres. A pesar de los nervios, subi\u00f3 las escaleras con cuidado, no s\u00f3lo para no delatar sus movimientos con el ruido de unas pisadas demasiado fuertes, sino por miedo a resbalar en la sangre que cubr\u00eda los pelda\u00f1os.<br \/>\nUna vez alcanzada la segunda planta, el valeroso capataz entr\u00f3 en la alcoba de la muchacha, cuya puerta estaba entreabierta. La luz lunar le permiti\u00f3 ver que Helena yac\u00eda boca arriba sobre su cama, inconsciente y p\u00e1lida como una muerta, pero viva y relativamente ilesa. Ten\u00eda los miembros fl\u00e1ccidos y respiraba con dificultad, pero a simple vista su cuerpo no hab\u00eda sufrido da\u00f1os f\u00edsicos, dejando aparte algunos rasgu\u00f1os de poca importancia. En cambio, su camis\u00f3n hab\u00eda sido desgarrado en torno a sus pechos y su cintura, como si alguien la hubiera forzado despu\u00e9s de drogarla (el extra\u00f1o olor que emanaba de un vaso vac\u00edo que se hallaba sobre la mesilla de noche, al lado de un peque\u00f1o objeto brillante, le sugiri\u00f3 a Juan la idea de la droga). Tan nervioso se sent\u00eda Juan que en aquel momento cometi\u00f3 su \u00fanico error fatal: ansioso por atender a Helena, dej\u00f3 su escopeta en un rinc\u00f3n del cuarto, cerca de la puerta. Apenas se hubo separado unos metros del arma, se percat\u00f3 de su imprudencia y se dio la vuelta para cogerla de nuevo, pero ya era demasiado tarde: en la puerta del cuarto, borroso y casi espectral en la penumbra imperante, se hallaba David Estrada, vivo y sonriente, con la escopeta del capataz bien sujeta en sus manos ensangrentadas. Juan comprendi\u00f3 r\u00e1pidamente que Estrada era el asesino y que lo hab\u00eda enga\u00f1ado, manchando sus ropas con la sangre de don Ferm\u00edn para hacerse el muerto, pero tambi\u00e9n comprendi\u00f3 que se hallaba en sus manos: el secretario s\u00f3lo tendr\u00eda que apretar el gatillo de la escopeta para acabar con su vida y lo \u00fanico que le extra\u00f1aba era que estuviese tardando tanto en hacerlo.<\/p>\n<p><!--nextpage--><br \/>\nEstrada, adivinando el pasmo y la ansiedad del mestizo, le dijo tranquilamente:<br \/>\n-Bien, Juan, en breves vas a morir, por lo que no tengo inconveniente en satisfacer tu curiosidad antes de enviarte a la tumba. Dejando aparte que mi verdadero nombre no es David Estrada, la historia que le cont\u00e9 a don Ferm\u00edn no estaba muy lejos de la realidad: hace algunos a\u00f1os, yo viv\u00eda feliz en mi Galicia natal, con una esposa a la que quer\u00eda y dos ni\u00f1os peque\u00f1os a los que adoraba. Pero, del mismo modo que la luz del Sol apaga la de las estrellas, todo eso se desvaneci\u00f3 de mi alma cuando un capricho del Destino puso en mis manos cierto libro, que me revel\u00f3 cu\u00e1les son la verdadera esencia del Universo y el \u00fanico camino hacia la sabidur\u00eda. Debes saber, pobre ignorante, que la esencia del Universo es el Mal, al que t\u00fa llamar\u00edas Diablo, y que si un hombre ans\u00eda el Poder y el Conocimiento debe abrir su alma a la Maldad Suprema, pasando por encima de cualquier otro inter\u00e9s que pueda estorbar sus prop\u00f3sitos. Tan bien lo comprend\u00ed que desde entonces he te\u00f1ido mi vida con la negrura del pecado y la rojez de la sangre, incluida la de mis propios hijos, y a cambio he adquirido poderes y conocimientos que t\u00fa ni siquiera podr\u00edas imaginar. Pero me faltaba un pecado para alcanzar la c\u00faspide del Mal y el don supremo que este concede a sus ac\u00f3litos m\u00e1s avezados, es decir, la inmortalidad. El pecado que me faltaba era el incesto.<\/p>\n<p>Por eso he venido aqu\u00ed y por eso he hecho todo esto, con la ayuda de un puma controlado por mi magia negra, que primero me permiti\u00f3 ganar la confianza de don Ferm\u00edn y luego apartar de la casa a los peones mientras realizaba mis planes. Esa desdichada que yace sobre la cama no es hija carnal de Ferm\u00edn V\u00e1zquez, sino m\u00eda: yo la conceb\u00ed deliberadamente para poseerla cuando hubiera alcanzado la mayor\u00eda de edad, yo rapt\u00e9 y viol\u00e9 a su madre para asesinarla despu\u00e9s de que hubiera dado a luz, yo la abandon\u00e9 a las puertas del orfanato donde la hall\u00f3 su padre adoptivo hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os\u2026 y yo he gozado esta noche de su carne. \u00a1Y ahora por fin soy uno con el Mal Supremo, diab\u00f3licamente perfecto e indestructible por los siglos de los siglos! \u00a1Ahora ya siento c\u00f3mo mi nuevo poder se difunde por mis entra\u00f1as y ni siquiera todos vosotros juntos podr\u00e9is detenerme!<br \/>\nMientras aquel monstruo terminaba su perorata con una carcajada sard\u00f3nica, Juan, que s\u00f3lo comprend\u00eda a medias aquellas palabras pre\u00f1adas de pecado y locura, se hab\u00eda ido acercando lentamente a la mesilla y hab\u00eda agarrado discretamente el abrecartas que hab\u00eda visto brillar d\u00e9bilmente sobre aquel mueble al entrar en el cuarto. Aparentemente, el asesino, que deb\u00eda sentirse muy seguro de s\u00ed mismo, fuera por el arma que sosten\u00edan sus manos o porque realmente se creyera inmortal, no se hab\u00eda percatado de sus movimientos. En un arrebato de audacia, Juan se arroj\u00f3 sobre el presunto David Estrada y le clav\u00f3 el abrecartas en el ojo derecho con todas sus fuerzas, antes de que su enemigo pudiera disparar o hacer cualquier otra cosa para impedirlo. <!--nextpage--><\/p>\n<p>Una expresi\u00f3n, no tanto de dolor o de miedo como de sorpresa, se dibuj\u00f3 en el rostro del asesino al mismo tiempo que la punta del abrecartas alcanzaba su cerebro y arrojaba su alma al Olvido. \u00bfHab\u00eda sido su presunci\u00f3n de inmortalidad un mero delirio de su mente perturbada? \u00bfAcaso ignoraba que la muchacha a la que hab\u00eda violado no era su hija y que esta hab\u00eda muerto muchos a\u00f1os antes, en plena infancia y mordida por una v\u00edbora? Juan nunca lo supo y, en realidad, ni siquiera se lo plante\u00f3. Aquel brujo y asesino hab\u00eda pagado por todos sus cr\u00edmenes, su alma hab\u00eda alcanzado el Infierno que tanto anhelaba, aunque no precisamente de la forma que a \u00e9l le hubiera gustado, y no volver\u00eda a da\u00f1ar a nadie nunca m\u00e1s.<br \/>\nEn cuanto al puma, no acudi\u00f3 al rancho aquella noche ni volvi\u00f3 a saberse de \u00e9l en la regi\u00f3n: al parecer, una vez desaparecida la inteligencia diab\u00f3lica que lo controlaba, volvi\u00f3 a ser un animal inocente y perdi\u00f3 todo inter\u00e9s por el ganado de la hacienda.<br \/>\nHelena recuper\u00f3 pronto la conciencia, pero necesit\u00f3 ayuda psicol\u00f3gica para superar el shock traum\u00e1tico provocado por la muerte de su querido padre adoptivo y por el cruel ultraje que ella misma hab\u00eda padecido. Se hizo llegar a las autoridades una versi\u00f3n incompleta de los hechos, de la cual se hab\u00edan eliminado los elementos m\u00e1s extra\u00f1os y rocambolescos, y la polic\u00eda argentina, en colaboraci\u00f3n con la espa\u00f1ola, no tard\u00f3 en descubrir la verdadera identidad de David Estrada: un erudito aficionada a las ciencias ocultas que, tras muchos a\u00f1os de vida pac\u00edfica y laboriosa, hab\u00eda desaparecido, dejando tras \u00e9l un rastro de cad\u00e1veres\u2026 sin duda un caso de locura, aunque algunos se nieguen a reconocerlo.<br \/>\nTras una larga y penosa meditaci\u00f3n, Helena decidi\u00f3 abandonar para siempre la hacienda, que vendi\u00f3 a Juan Moreno por un precio muy inferior al real (y aun esto porque el capataz se neg\u00f3 a aceptarla como regalo), se march\u00f3 a Espa\u00f1a y se estableci\u00f3 en Galicia, la tierra natal de su padre adoptivo, para dedicarse a la medicina, buscando en el trabajo la paz y el olvido. O, al menos, tal era su intenci\u00f3n, porque una vez all\u00ed descubri\u00f3 que la violaci\u00f3n no s\u00f3lo hab\u00eda tenido consecuencias para su mente, sino tambi\u00e9n para su cuerpo: Helena estaba embarazada.<\/p>\n<p>fuente: relatos.escalofrio.com\/relato.php?ID=22763<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reci\u00e9n terminados sus estudios, el joven ingeniero de minas Ferm\u00edn V\u00e1zquez decidi\u00f3 abandonar su Galicia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":75,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[7,17],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74"}],"collection":[{"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":76,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions\/76"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/75"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/manopeluda.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}